Fidei

El propósito único de tu vida

Dios nos ama a todos por igual, pero de manera personal, íntima, especial… ¡y única!

Por Maleni Grider

De la creación de Dios, algo impresionante es la unicidad entre un ser humano y otro. No hay nadie que tenga las mismas células, rasgos, genes, personalidad. Si bien, podemos llegar a ser muy parecidos, no hay dos personas idénticas sobre la tierra. Dado que es Dios el dador de vida de cada uno de nosotros, Él nos ha hecho especiales y diferentes, aun siendo billones de criaturas. Ni siquiera nuestra voz es igual. Es impresionante el universo de matices y diferencias entre unos y otros.

Cada quien tiene una forma. Al igual que las figuras geométricas, todos tenemos diferentes lados, ángulos, colores, medidas, etcétera. ¿Cuál de ellas es la mejor? Ninguna. Todas son diferentes. Decimos que Dios nos ama a todos por igual. Su amor es incondicional, no depende de qué tan buenos o malos seamos. Sin embargo, sería bueno preguntarnos, más allá de nuestras características físicas y emocionales, ¿qué figura querrá Dios que seamos?

Si el Señor nos creó tan únicos, es lógico pensar que Él tiene un plan específico para cada uno de nosotros, es decir, un plan que no puede ser dado a otra persona ni utilizado por nadie más que por aquél para quien fue concebido. El diseño y la idea que Dios tiene para mi vida o para la tuya no pueden ser los mismos. Cada persona tiene una misión única que cumplir.

Ahora bien, Dios nos une a una persona en matrimonio, donde hemos de cumplir un propósito en unidad y acuerdo mutuo, bajo la guía del Espíritu Santo. También a veces nos deja formar parte de grupos ministeriales para llevar a cabo empresas espirituales. Todo esto es verdad y es positivo en el Reino de Dios. Pero cada persona tiene dones específicos que el Señor ha determinado.

¿Ya te has preguntado cuáles son ese destino y esa función para ti? ¿Ya lo has encontrado? Quizá no tengas la inquietud de saberlo. Pero es ahí donde puedes hallar mayor plenitud. Ese plan ha sido hecho justo para ti, de acuerdo a tus necesidades y capacidades. Nadie más puede lucir tan bien como tú con ese traje. Dios lo confeccionó a detalle para ti.

La creación de Dios es la mayor prueba de su existencia. Su amor por nosotros es increíblemente específico. Es verdad, Dios nos ama a todos por igual, pero de manera personal, íntima, especial… ¡y única!

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